Una historia de abandono: “El Origen”

¿Cómo superar el abandono emocional?
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Superar el abandono emocional ¿cómo? Ni loco. La gente que abandona a los demás no tienen “corazón”. Si supieras el gran aprendizaje que te brindan… Déjame contarte una historia.

 

La Sra. Frambuesa era una mujer muy atractiva de 30 años, positiva, agradable y siempre intentando ayudar su entorno y, sobre todo, a sus padres. Una mujer con pocas experiencias de vida. Es decir, un tipo de vida muy tranquila en su pueblo de toda la vida. Era una mujer buena. Había crecido en un entorno familiar unido con mucho amor por parte de sus padres. Llevaba desde chica un deseo profundo de ser madre y crear la familia de sus sueños. Al tener mucha compasión por su familia, se sentía en el deber de estar con ellos y no dejarlos a cualquier coste.

“Cumplir tus sueños es tu dirección de vida”.

Como muchas personas de su generación, tenía ganas de explorar y encontrar el hombre de su vida para crear la familia ideal. Era una soñadora con mucha sensibilidad. Le apasionaba todo lo artístico: pintar, dibujar, decorar. Se dedicaba a la maquetación de periódicos y revistas para una editorial. Su vida era muy agradable, pero le faltaba crear una familia para cumplir la vida de sus sueños. Estaba decidida a esperar el hombre que le iba a aportar una vida plena.

Como muchas mujeres, ella soñaba con un “súper hombre” en quien podría confiar y entregarse por completo. Como siempre, el universo escucha nuestros deseos. Un día rutinario se presentó en su trabajo un nuevo colaborador de la agencia. El Sr. Roca, 1’83m, pelo castaño, alto, fuerte, unos ojos verdes que transmitían seguridad y confianza. La Sra. Frambuesa no le prestó atención, estaba concentrada en su tarea creativa.

“Atracción no es Amor”.

Fue solamente en el momento donde el Sr. Roca se acercó a ella y estiró su mano para introducirse como el nuevo colaborador de la empresa, cuando la Sra. Frambuesa se quedó atrapada en la onda del señor Roca. Ella estaba acostumbrada a trabajar en un entorno masculino, por lo tanto sabía manejarse entre hombres. Cuando el Sr. Roca se presentó a ella, la Sra. Frambuesa respondió de vuelta con una mano firme y el total control de sus emociones. Por fuera la Sra. Frambuesa aparentaba como siempre, controlando su comportamiento y manejando la situación. Pero por dentro la Sra. Frambuesa se derretía por completo. Cada célula de su cuerpo “vibraba” en la presencia de este hombre. Iba a cambiar algo importante en su vida.

A los días el Sr. Roca sabía perfectamente que su poder de atracción estaba ya contaminando a toda la plantilla femenina de la empresa. Pero el positivismo y la luz de la Sra. Frambuesa le llamaba constantemente la atención. Siempre que estaban juntos ella se sentía nutrida. Lo hacía conectar con un tipo de sensación que para él era única. Sentía que con ella conectaba con anhelos internos, sentimientos que llevaban años bajo tierra. Estaba él también atrapado por la energía de esa mujer. No lo podía evitar.

“Hace falta 90 días como mínimo para que cada uno presente su “YO” real”.

Lo previsto ocurrió. Al mes la Sra. Frambuesa y el Sr. Roca empezaron una etapa de exploración mutua. La Sra. Frambuesa estaba por las nubes. Experimentaba cosas que jamás había llegado a imaginar. Un sentimiento de realización nacía en ella. Por fin había llegado el hombre de su vida. El Sr. Roca estaba muy entusiasmado también. La única diferencia es que era un hombre de muchas experiencias. Era un experto en “consumir” mujeres. La Sra. Frambuesa de otra mano acababa de romper la cáscara de su refugio familiar. Ella tenía la convicción que él era “el hombre de su vida”, lo sentía, lo vivía con la todo su cuerpo. Todo apuntaba a que sería “él” quien la llevaría a este alcance de exploración vital. El Sr. Roca sentía por primera vez algo que solamente la Sra. Frambuesa era capaz de provocar en él, conectar con su potencial de “hombre superior” (leer: El camino del hombre superior).

Estaba completamente descolocado. Como cualquier película de amor (película de Disney), uno de los protagonistas provoca algo para romper la facilidad de la experiencia. Es muy interesante en una película, pero en la vida real se vive de otra manera.

“Debes aprender a ver las señales de alertas de las personas que te rodean”.

El Sr. Roca se había casado dos veces con dos divorcios y un hijo de diez años ya en su mochila. Era un hombre misterioso, muy simpático y encantador pero hablaba muy poco de su pasado. La Sra. Frambuesa era lo opuesto, venía limpia de cargas y era bastante transparente en su vida. Le encantaba comunicar y compartir su mundo emocional. El Sr. Roca tenía también algo que acompañaba su historia. No era capaz de estar solo. Las mujeres eran una vía de escape para él. La Sra. Frambuesa era capaz de vivir un amor incondicional. Ella sabía que era el “hombre de su vida”. Se veía capaz de afrontar cualquier asunto a su lado.

Ella era capaz de todo con tal de crear la mejor familia del mundo. Decía siempre que “si uno quiere, puede”. Nada le daba miedo, este señor era el hombre de su vida y con él iba a crear una familia de ensueño.
En los primeros meses de una relación, cada uno suele enseñar una versión de su mejor “yo” (unos 90 días). Pero con el tiempo aparece el “yo” más completo de cada uno. El pack total de cada persona comienza a resurgir pasado un tiempo.

Compatibilidad contra enamoramiento

Es vital ir trabajando previamente en nuestro “yo interno” y “yo externo” para que los dos se alineen.
La Sra. Frambuesa era de una familia tradicional y humilde, con su papá y su mamá de toda la vida que caminaban juntos pasase lo que pasase. Pero ella tenía ya 30 años y le preocupaba mucho no llegar a tiempo para crear una familia. Era como la edad límite para ser madre en aquel momento. Llevaba tantos años esperando encontrar el hombre perfecto, que la Sra. Frambuesa proyectaba ya todo en él. El Sr. Roca lo tenía claro, ya era padre de un varón y después de dos divorcios, no quería más compromisos familiares.

“Crear una vida es cuestión de dos personas, no de una”.

Solamente habían pasado 2 meses. La pasión era el motor conductor de esa pareja. La Sra. Frambuesa comenzó a notar algunos cambios en ella. No sabía que lo que estaba pasando (pérdida de energía, mareos…). Cuando vio que no le llegaba su menstruación, fue a hacerse un análisis. La semana siguiente recibió una llamada del laboratorio que le confirmaba que “un sueño”estaba a punto de nacer. Estaba embarazada. Una vida entera esperando esta etapa. Años y años de deseos internos para este gran regalo. Iba a ser madre y además con el amor de su vida. ¿Qué más podía pedir?, era perfecto. Ahora venía el momento de compartir su alegría con sus seres queridos y, sobre todo, compartir el gran evento con el Sr. Roca.
La Sra. Frambuesa tenía muchísima ilusión por compartirlo con su querido. Esperando la noche para tener más intimidad y tranquilidad con su amor, la Sra. Frambuesa con un brillo espectacular en su mirada anunciaba al Sr. Roca la llegada del fruto de este amor maravilloso.

-NO…NI HABLAR…NO QUIERO TENER MÁS NIÑOS… -Contestó el Sr. Roca con plena certeza.

Comenzó el primer choque de una realidad que en ningún momento podía imaginar: “soy la mujer y madre perfecta, yo te quiero y tu me quieres”. Pero el Sr. Roca seguía firme. No quería tener hijos y punto. Llorando durante días la Sra. Frambuesa estaba derrumbada. El anhelo de ser madre era tan vital en ella que el hecho de separarse de esta idea era algo impensable. Para ella perder su niño era impensable. Con total certeza decidió quedárselo y convencer al Sr. Roca que iba a ser lo mejor que le había pasado en su vida.
Comenzaba una aventura nueva para la Sra. Frambuesa.

“Date cuenta de que detrás de cada persona existe “una mochila” y que, principalmente en los tres primeros meses, las personas no suelen conocerse bien y muchos tapan lo que son”.

El Sr. Roca era uno de ellos. Comenzaba a tener un actitud muy fría frente a la Sra. Frambuesa. En muchas ocasiones por motivos laborales “desaparecía del mapa”. Decía que era el único de la empresa que podía hacer esas tareas. Sabía que la Sra. Frambuesa quería quedarse con el niño pero él no quería asumir la responsabilidad. La Sra. Frambuesa tenía esperanza de que un día su querido iba a darse cuenta del regalo que les estaba esperando. El Sr. Roca solía irse días y a veces semanas sin decir nada. Siempre volvía con más ánimo y más “entregado”. Casi podía percibir que el hecho de ser padre de nuevo le podía ilusionar.

Para la Sra. Frambuesa era muy difícil. Se encontraba sola. Por supuesto, sus padres seguían acompañándola en esta etapa pero veía como no podía confiar en el Sr. Roca. A lo largo del embarazo, la Sra. Frambuesa sospechaba que todas estas escapadas no eran normales. Decidió un día enterarse de qué iba el asunto. Un día que él desapareció de nuevo, la Sra. Frambuesa se montó en su coche y decidió perseguirlo. Llegaron a otro pueblo, unos 50 kilómetros de donde él vivía. Con sorpresa la Sra. Frambuesa vio que el coche del Sr. Roca entraba en un gran establecimiento lleno de árboles. Era un sitio muy agradable fuera del ruido de la ciudad. El cartel de la propiedad ponía “Hospital psiquiátrico St. Andrés”. La Sra Frambuesa no sabía que su empresa trabajaba con hospitales psiquiátricos y en ningún momento podía imaginar otra cosa. La propiedad era tan grande que la Sra. Frambuesa perdió la pista de su querido. Decidió entrar ir a la recepción para intentar sacar más información. Ella quería saber qué era lo que estaba pasando, cuál era la relación del Sr. Roca con este establecimiento y por qué no se lo había contado antes. La recepcionista le comentó que ninguna empresa de ese tipo estaba trabajando con ellos y que la persona de nombre Roca era uno de los pacientes de este establecimiento.

El amor con trauma

La Sra. Frambuesa pensaba que era un error.
¿Cómo podía ser? No tenía ningún sentido. Pero el Sr. Roca tenía por hábito pasar estancias cortas en establecimientos psiquiátricos. Recibía medicaciones para salvarse de su mundo de males internos. Entraba como uno puede entrar en un hotel. Se pagaba su propia estancia. Recibía una medicación como tratamiento psiquiátrico y cuando él lo decidía, se iba. Él se consideraba como enfermo y era la única manera que tenía para salvarse. La Sra. Frambuesa se sentía traicionada, desamparada, completamente inútil. Ella que siempre proponía un pensamiento saludable, con terapias alternativas, promoviendo amor hacía los demás, se encontraba delante de su peor pesadilla. Por ser una mujer de principios con gran corazón decidió ayudar a ese hombre. Se autoconvenció que este hombre estaba perdido en su forma de ver la vida. Ella podía ayudarlo a remontar y a afrontar la vida desde un punto de vista más sano. Ella lo iba a salvar.

“Ayuda a quien acepta tu ayuda de otra manera déjalo”.

Durante los 9 meses de embarazo la Sra. Frambuesa se enfrentaba a una persona completamente encerrada en sus hábitos y creencias. Lo único válido para él era la estancia en establecimientos psiquiátricos. Nadie lo podía sacar de allí. Era la única solución. Esta mujer vivió “un infierno” durante esos 9 meses (imagina el niño dentro). Poco a poco el Sr. Roca se hizo a la idea de ser padre de nuevo, pero estaba poco presente realmente. Ella era fuerte al nivel emocional pero físicamente no tanto, caía constantemente enferma. Sus queridos padres estaban siempre a su lado pero ella esperaba el apoyo del Sr. Roca. La Sra. Frambuesa pasó un embarazo doloroso con muchos sufrimientos y penas. El hecho de estar embarazada le daba fuerzas para continuar. Llevaba el trabajo de dos personas en una y además estaba pendiente de los estados del Sr. Roca.

Después de nueves meses de sufrimiento llegó el gran día. El Sr. Roca ya se había hecho a la idea. En aquel momento, la Sra. Frambuesa estaba únicamente concentrada en su parto. Fue muy difícil, costoso y con mucho sufrimiento pero llegó el pequeño “Sébastien” a este mundo (SEBA…curioso, estoy en la historia… ¡Qué interesante!). Mi madre estaba agotada y mi padre iluminado. Esa llegada al planeta provocó un despertar en él (por lo que me contaron). Mi padre de repente sintió el deber de asumir su responsabilidad. Era su hijo (supongo que le entró la fibra paternal como la adquisición de un coche nuevo). A los días decidió con total orgullo ponerme su apellido (en Francia es el primer apellido el que cuenta). Era Sébastien Maillot, con un padre que le encantaban las clínicas psiquiátricas y una madre “ultra mega” dependiente. Sigue leyendo, se pone mejor luego.

Tener un hijo sola

La Sra. Frambuesa retomaba fuerza y comenzaba a tener esperanza desde mi llegada. Era un regalo del cielo. Veía que el Sr. Roca estaba mucho más animado, alegre y cariñoso. Sentía por primera vez que todos sus esfuerzos sirvieron de algo. A los meses mi padre comenzó de nuevo a volver a sus viejos hábitos y mi madre a su lucha constante para preservar algo que no existía desde el principio: una familia.
Mis abuelos ultra presentes en mi desarrollo, apoyaron en cuerpo y alma las decisiones de su querida hija. Pero las cosas fueron a peor. Mi madre ya no podía más, llevaba casi 2 años luchando con un hombre que no quería cambiar, que le hacía chantaje emocional a través de su hijo, que no asumía la responsabilidad de ser padre y tampoco marido. Era para ella y para mí (parece ser) un infierno. Le propuso la condición siguiente: “si te marchas y no vuelves más, no te pediré nunca nada a cambio”.Y parece que fue lo que hizo.

El Sr. Roca decidió irse y no volver más a nuestras vidas. Mi madre nunca le pidió nada. Se sellaba en mí el primer abandono.

“Sin dependencia no existe el abandono”.

A los 2 años digamos que no era muy consciente de lo que pasaba, por lo menos no me acuerdo de nada. Solo puedo recordar lo que empezó a surgir en mí más tarde.

En resumen, a los 2 años de edad: me llamo Sébastien (“SEBA”), con un padre desaparecido (nunca supe nada más) y con un “follón” administrativo (para mi madre en su momento). Llevar un apellido diferente al de tu familia es un poco raro (y más para el gobierno).

Como consecuencia un niño traumatizado, somatizando toda una montaña de males y con problemas emocionales.Hasta los 2 años no decía ni una sola palabra y parece ser que al día siguiente de su partida, comencé a decir frases (vamos, era un regalito y lo sigo siendo =)).
Nunca pude dormir una noche completa hasta la edad adulta. Era hipersensible, con hiperactividad (Leer: Persona Altamente Sensible PAS), tenía hemorragias nasales casi a diario hasta mi adolescencia y, por supuesto, miedo a todo.

Si supieras el hecho de cómo algo que tú ni siquiera has provocado puede repercutir en tu vida, pensarías las cosas de otra manera frente a tus decisiones (por eso creé EnAlkimia).

Conscientemente nunca sentí que haya vivido el abandono. No recuerdo absolutamente nada. He crecido sin padre como las personas que crecen sin el sentido de la vista. Es algo completamente normal, lo raro ahora sería tener uno (jeje). Ahora, si supieras la cantidad de problemas que eso creó en mí a nivel del subconsciente (más allá de lo que puedes controlar).
De chico nunca anhelé un padre pero lo sustituí por otra cosa, la desesperación por encontrar a “la mujer de mi vida”. Era algo vital, como respirar, solo que me era imposible siendo tan pequeño (mi primer recuerdo emocional era sentir la necesidad de encontrar mi otra “mitad” teniendo solamente 3 años). Lo de mi padre me daba igual. Ahora “la pareja” era lo vital.

Trabajé años y años solamente por el hecho de encontrarla algún día pero veía que sufría en muchísimos campos (miedo a todo, fobias, inseguridades, desinterés por otras cosas que no fueran la pareja, problemas para relacionarme con el mundo exterior y muchas cosas más). Vivía en un bucle de males constantes. A los 20 años comencé a retomar el control y recuperar poder. Hice mil terapias, leí libros, fui a gurús, leí frases de autoestima, rezando todos los días para que apareciera la mujer de mi vida, pero NO. Parece que tenía que ser así y punto.
Pero recuerda, soy el hijo de la Sra. Frambuesa, tengo su perseverancia y fuerza interna. Estuve viviendo una muerte continua durante 20 años. Cualquier persona que supera la muerte (física o emocional) pasará a otro nivel.

“Muérete mientras puedas y sacarás así la vida que está dentro de ti”.

A los 20 años decidí vivir una vida a medida y comencé mi proceso de sanación consciente. (Leer:Comienza Aquí)

La repetición del no aprendizaje

A mis 30 años llegó ella. Vamos a llamarla la Srta. Verde. Estaba en una convención internacional de bailes (sí, tuve una etapa de adicción a los bailes latinos). Yo acababa de salir de una relación de unos años y mi radar de toda la vida seguía activo. Desde los tres años (son muchos años), mi “interior” seguía pendiente de ese encuentro.

La Srta. Verde era lo que podemos llamar un “Petit Format” (pequeño formato en francés), chiquitita, muy delgada y muy femenina. Sus ojos verdes sellaron el cambio en mí. Conversando veíamos que teníamos muchas cosas en común. Teníamos en común que ambos queríamos ayudar a la gente (yo como entrenador emocional y ella como médico), nos apasionaba el baile y los dos practicábamos artes marciales. La familia y la amistad eran valores fundamentales y un pilar en nuestro estilo de vida. Fue casi instantáneo.
Hablábamos idiomas diferentes hasta convertir todo al inglés. Algo me atrapó y no sabía el qué, algo me decía que debía seguir conociéndola. Por el motivo que fuera, la perdí de vista durante el seminario y no tenía su contacto. Me sentí súper torpe. Solo tenía un nombre.

Con algunas experiencias en mi mochila, mi mente me decía las cosas siguientes: “otra historia sin sentido, cada uno vive en un país distinto, aún no la conoces, etcétera”, pero mi intuición me decía que ahí había algo espectacular. Existen movimientos que por más que no quieras, al final suceden.

“No la/lo busques pero prepárate para que te encuentre”.

De vuelta a España y siguiendo con mi proyecto (estaba decidido a crear mis primeras charlas con EnAlkimia), unas tres semanas más tarde, recibí un mensaje. Era la Srta. Verde. Resultó que durante tres semanas había estado haciendo todo lo posible por encontrarme. Era la primera vez que sentía algo así.
Una voz interna me decía: es ella.
Treinta años después por fin había llegado el momento (cuando lo vives, lo sabes). Era algo que no podía controlar y parecía que ella tampoco. Para muchos sería una historia de pareja típica. Para mí era el giro de una nueva vida (dos personas completamente atrapadas en un tipo de amor pasional, ¿a quién os recuerda?). Cuando el universo te pone algo tan fácil hay que estar loco para no cogerlo. Comenzamos una relación a distancia.

Una palabra: ¡espectacular! Por fin podía expresar estos 30 años de anhelos y frustraciones (falta de experiencia por mi parte en la gestión emocional). Aprendíamos mucho uno del otro, viajábamos de un país a otro para vernos. “Era fantástico”, estaba realizando treinta años de anhelos y, por supuesto, proyectaba una vida entera con esa persona.
(recuerda que, como mínimo, son 90 días para para que una persona comience a presentar sus “YO” reales. Al tener una relación a distancia, la realidad se transforma bastante y lo que cuenta es el tiempo pasando juntos físicamente).

Hasta que un día llegó la presentación de “la mochila” (el pasado) de cada uno. Por tener el hábito de ahondar siempre en mi mundo interior, hablar de lo mío de manera transparente es algo completamente natural y escuchar a los demás, más aún. Pero no todo el mundo tiene esa facilidad y habilidad. Menos cuando has tenido un pasado muy duro lleno de sufrimiento. Ahí la historia se comenzó a complicar. Yo hacía todo lo posible para que la relación fuera más fácil. Estaba tan seguro de lo que sentía por esa persona que no existía la posibilidad de que las cosas fueran a peor. Mi intuición seguía confirmándome día tras día que “era ella” y que por fin podía vivir lo que anhelaba tanto.

Si yo tenía una mochila cargada en mi pasado, el otro “Petit Format” tenía un baúl. Era bastante potente y, por supuesto, en muchos aspectos ocultos y no trabajados. Comenzaba ella por primera vez a sacar a la luz muchas cosas ocultas (traumas, miedos, bloqueos, rencor, distanciamiento, mentiras y una comunicación pobre). Aprendí de la Sra. Frambuesa que el amor siempre gana. Yo sumaría que el amor consigo mismo es el ganador de todo. Naces con él y te morirás con él. Por lo tanto, yo podía con todo. Gran aprendizaje que me llevé. Aprendí a partir de ese momento que una relación es siempre de dos personas.

“Lo que une la pareja es el compromiso por parte de cada uno de querer estar juntos”.

Como resultado, al tiempo, la Srta.Verde decidió abandonar el barco y nunca más volver a aparecer en mi vida. Cualquier intento por mí parte de comunicación terminaba en un pozo de olvido. Era completamente dependiente a esa persona y además sin comunicación alguna. Al principio pensaba que era una broma, un error, que era algo irreal. Mi intuición me decía que eso era lo correcto y que ella era la mujer tan esperada en mi vida (¿os recuerda a alguien?)
Puede ser, pero resultó que “NO”.
Abandonó el barco y no volvió dar señales de vida. Sus amigos, familia, todos, quedaron también sorprendidos y nadie supo decirme el por qué ni el para qué. Me puedes preguntar lo siguiente, ¿por qué no fuiste a por ella? El último viaje sirvió para intentar comprender qué estaba pasando pero no sirvió de nada.
Escribí, llamé numerosas veces pero nada. Cuando alguien no quiere, no puedes hacer nada
Seguro que pasó algo terrible. Puede ser, pero a los meses estaba ya volando con otro. Viví el abandono de manera consciente.

¿Cómo superar el abandono emocional?

Por haber vivido fuga de un progenitor apenas al nacer, me quedé sellado con la herida del abandono. En ese momento solamente absorbí ese trauma y lo convertí en una búsqueda del “amor en pareja”. Al ser tan joven, la noción de “abandono” no era visible, solamente las consecuencias. De chicos somos completamente dependientes de nuestro entorno. Gracias a esta experiencia y todos esos males, me dediqué desde la niñez a la exploración de quien “soy”. La búsqueda del amor en pareja me hizo mover montañas, era el motor de mi vida.

A los 30 años volví a vivir el mismo abandono pero esta vez conscientemente. Fue para mí una bomba nuclear. No es solamente el hecho de que alguien se vaya de tu vida, es que son 30 años de sueños e ilusión que, día tras día, se esfuman sin que tu puedas hacer nada.

Al igual que me pudo pasar de chico con mi padre, experimenté la indiferencia pero esta vez de manera consciente. La indiferencia ha sido la emoción más dolorosa que he podido experimentar hasta ahora. La indiferencia ocurre para la persona que lo vive como tal. Solamente existe cuando uno se siente afectado por dicha actitud (en mi caso me sentí completamente abandonado).
Para decirte la verdad, no sé realmente si llegamos a superarlo por completo. Está ya inscrito en tu ADN. Lo único que te puedo decir es que sí se puede transformar y hacer que esta herida se cicatrice y que deje de doler. Por haber sufrido una y otra vez varios protocolos de abandono en mi vida, te puedo asegurar que hoy gestiono mucho mejor cualquier evento donde la ola del abandono aparece, de otra manera, me como la ola y me levanto otra vez.

SANARTE DE UNA VEZ:

A través de ese proceso de abandono descubrí dos cosas fundamentales:

-DEPENDIENTE EMOCIONAL:

Para vivir el abandono hay que ser dependiente, de otra forma el abandono no se sostiene. Las dos cosas van juntas. Cuando estás dentro del sufrimiento del “abandono”, darte cuenta de que eres un dependiente es muy complicado. Tu sufrimiento está por las nubes. Tu corazón está ciego y tu mente ni hablarlo. Con el tiempo y la intención de sanarte, llegará la liberación de esa emoción. No es curar la herida, es simplemente “bajarse de la nube del sufrimiento”. Todos de una manera u otra estamos atrapados en un proceso de dependencia (parejas, familia, trabajo, animales, etc). Pocas personas trabajan sobre sus dependencias y prefieren complacer a los demás para evitar una separación. Puede funcionar pero por mi experiencia, varias personas a mi alrededor que ya murieron se han ido con la mochila llena de dependencias y males no sanados. No pasa nada, solamente que estos males contaminan tu vida y te provocarán muchos conflictos internos y externos.
Cuando un miembro de tu familia (más concretamente un progenitor) “desaparece del mapa”, tu niño interior lo graba con un gran sufrimiento y muchos lo guardan hasta su propia muerte. Es vital despertar lo antes posible y sanar nuestras heridas (leer: las 5 heridas que impiden ser uno mismo).

“Los sufrimientos son las agujetas del ‘Corazón’”.

Mi toma de consciencia se activó a través de esas grandes caídas emocionales. Gracias a la simple frase de un amigo: “SEBA, eres un dependiente”, treinta años de estructuras se vinieron abajo. Por supuesto que era dependiente, por no decir hiperdependiente, pero no lo veía así. La estructura de una súper pareja (tal cual la entiendo) “me hacía feliz” pero significa también que mi felicidad se encontraba fuera de mí. Las cosas pueden funcionar así un tiempo y tal vez para toda la vida pero siempre estarás dependiendo de los demás para vivir bien. De otra manera vivirás atrapado/a en muchas áreas de tu vida y seguirás atrayendo asuntos y eventos que te volverán a presentar el mismo plato de comida. Si no hubiera vivido el abandono con mi altísima dependencia emocional no estaría en ningún momento ayudando otros a despertar su propio camino. Piénsalo.

“Cuando tienes agujetas es que tu músculo crece. Rompes fibras. Piensa que tu mayor sufrimiento es tu mayor crecimiento”.

-ESTAMOS AQUÍ PARA SANARNOS Y AYUDARNOS.

Te recomiendo entrenar de manera constante en todas las áreas de tu vida (leer: Entrénate y conecta con tu potencial). Límpiate y sánate tanto por dentro como por fuera. Todo es válido. Si decides pasar y no hacer nada es también válido. Pero te puedo asegurar que el universo te llevará en un momento dado a los “asuntos pendientes”.

Ahora estoy por fin respirando, vivo con muchísimas menos expectativas de los demás y me siento más libre.
Como cualquier sesión de deporte intensa, el cuerpo debe descansar y se descansa con el tiempo. Con un sufrimiento es lo mismo. Debes descansar para que la fibra emocional vuelva a recuperarse. Una vez recuperado, estarás más fuerte que antes, pero no significa que no vuelvas a sufrir más.
En el caso del sentimiento de abandono, mi recurso favorito fue construir una vida de valor hacia mí mismo, lograr todas las metas que me proponía diciéndome que yo era capaz, que yo valía. (Leer: ¿Cómo transformar tu vida en un juego?)

Al ser cada vez más independiente frente a tu realización como ser humano, sanarás partes tuyas de necesidad hacia las demás personas.
También decidí de manera consciente aprender a elegir mi futura compañera de viaje desde otra perspectiva (Leer: ¿Cómo atraer gente fantástica a tu vida?)

Ahora disfruto y me entreno para vivir en un mundo donde estar solo o acompañado es el lado de una misma cara. Me quedan por explorar todavía muchas partes internas mías pero hay un antes y un después de la persona que era.
Por si te reconoces en lo escrito, te deseo lo mejor. Si yo he podido, tú también puedes.
Cuéntame en los comentarios cuáles son tus ataduras. ¿Te has sentido alguna vez abandonado/a? ¿Cómo lo has gestionado?
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